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Recuerdos

En mis inicios como aprendiz de escritor, pocos años después de que se celebrase la nueva Constitución española, tuve la osadía de presentar dos de mis obras a concurso; una de ellas a Editorial Planeta, y la otra al de ciudad de Valencia.

Hoy, por una de aquellas casualidades imprevistas, tropecé con la copia de una carta que escribí a no sé quién, pasados unos meses del envío de los manuscritos. Releyéndola, me he dado cuenta de cómo, con el paso del tiempo, como escritor he ido perdiendo muchas de las buenas costumbres literarias que, en parte, aún mantuve durante la ejecución de mi novela Desde la terraza, por eso quiero que la leáis, pero siempre con vuestro beneplácito y sin que os cause ningún trastorno con ello.

La carta decía así:

Señor... (no nombro a quién iba dirigida por respeto)

Desde hace un tiempo, metido a cuentacuentos me encuentro por no tener cosa mejor que hacer ni que más me agrade; tres largos años ha que me licenciaron del trabajo por haber bajado mi memoria y no funcionar mi corazón como debiera, pero al no saber estar ocioso ¿qué mejor cosa que distraer la mente contando cosas de mi sinrazón?

Por ser novel y no tener nombre de autor como las insignes plumas de reconocido linaje, condenado me veo al deprimente peregrinaje de ir de editor en editor, pero aseguraros puedo, que mis cuentos son lo mejor de lo mejor, dignos de ser leídos ya que no contados.

Dos relatos tengo presentados a otros tantos concursos literarios: uno, al Planeta de noveles, el otro, al de la noble ciudad de Valencia; del primero no sé nada, y eso que tiempo ha que lo envié, pues hasta la fiesta de la Natividad del Señor, o más tarde, el fallo no se dará a conocer; y del segundo, el de la doblemente leal ciudad de Valencia, tristemente de mí, por error fue enviado el borrador, quedando en mi poder el corregido sin tiempo ya para enmendar lo sucedido, y si me dirijo a usted, es porque no fue aceptado.

Los que habiendo leído mis historias, que no escuchadas, ánimos me dieron para seguir contándolas, ¡escritas, claro está!, y con ganas de más leer se quedaron, pues cortas les parecieron, así que, inventando la continuación del cuento que le presento hoy, de nombre extraño, lleno este de intrigas y asesinatos, guerras y atentados, y amistad, que también la hay a ratos.

El cuento o la historia, como usted la prefiera llamar, es de buen leer, fácil y ameno, y que aunque de novel y falto de linaje provenga, ya haré yo por merecerlo aplicándome al cuento.

Tal vez, a usted grande le parezca mi atrevimiento, pero si no es así ¿con qué cuento?

Mucho le agradezco haber podido robar parte de su tiempo, si con ello consigo su interés en la publicación de la obra, y si no, ¡también se lo agradezco!, que sé de buena tinta que no solo editan cuentos que provienen del nombre y del linaje, ¡también del talento!

Odiando las despedidas como las odio, solo me resta decirle... ¡hasta luego!

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