DESDE LA TERRAZA


Hace ya muchos años, por allá por 1998 escribí esta novela en la que se relata la vida de cuatro médicos voluntarios de diferentes nacionalidades que decidieron ir a un pequeño hospital para refugiados ruandeses en el mismo centro de África. 
Pero no relato la verdadera tragedia porque es demasiado fuerte incluso hoy, en 2019, después de transcurridos 25 años. Sí relato las vicisitudes que un médico español puede sufrir en un hospital de su país hasta optar por marchar a cualquier lugar del mundo donde pudiese ser necesitado practicando su especialidad de manera altruista.
También las vidas de los otros tres médicos como personas que son, y el mensaje de esperanza que transmiten con sus actitudes hacia los más desvalidos. 
Sí, es un drama. No es una novela romántica, ni de ciencia ficción, ni de terror clásico. Es una novela sobre hechos reales que muchos ignoran o prefieren ignorar poniéndose de perfil para que los hechos no influyan en su mente. 
Literariamente, ha habido escritor, que ha dicho que está escrita con una corrección poco usual, que las palabras se miman para no herir la susceptibilidad del lector, y de hecho así es.                               
De las guerras y sus motivos sabemos poco los ciudadanos de a pie, de los motivos por los que las personas, algunas, no todas, deciden sacrificar parte de su vida en ayuda de los más desfavorecidos, tampoco sabemos o no queremos saber desde la confortabilidad que nos da nuestro sofá del salón mientra vemos un aburrido programa de televisión.
Sin embargo, a mí, como autor, sí me preocupa, y por eso he querido relatar la vida de sus protagonistas con sus virtudes y defectos al tiempo que hacer un viaje virtual por el continente africano. 
También hubo otro escritor, que dijo de esta novela, que está a la altura de las novelas clásicas escritas sobre África, aunque yo, como autor, ni quito ni pongo, porque debe ser el lector el que opine después de leerla. Solo digo que es una novela escrita para que la lean solo los valientes. Para aquellos que, además de gustarles la literatura, quieran saber qué es lo que ha ocurrido a su alrededor sin que ellos se percatasen de ello.

 Ignacio Ramonet en MEMORIA/PARA LA MEMORIA: Ruanda 1994, o cómo conocer una historia africana
Publicado el 9 diciembre 2011 nos dice:

No me entendáis mal: el consumidor de noticias es vago y descreído, quiere ver las cosas con sus propios ojos, y no que se las cuenten. Él en su artículo pensó en Ruanda en 1994. Es uno de tantos ejemplos, pero es muy válido. En las mismas fechas en las que tenía lugar uno de los exterminios más violentos de finales del siglo XX, Cannes celebraba su Festival de Cine. La gran ganadora fue Pulp Fiction, eso lo recordamos todos. Lo que no recordamos con tanta claridad es el inicio de un genocidio que inundó con miles de litros de sangre un pequeño país en el centro del continente africano, apenas un insignificante punto en el centro de su mapa. Lo peor de todo es que cuando las imágenes empezaron a llegar a los televisores occidentales mostraban una realidad que no se correspondía con la verdad.
«La verdad es el motivo por el que ocurren las cosas, la realidad es una fracción de mundo que queda congelada en un instante, en unos cuantos fotogramas. Francia montó una llamada “operación turquesa” para proteger a las poblaciones. Genocidio, víctimas, protección. Todo parece funcionar. Pero como del genocidio no hubo imágenes reales, lo que los telespectadores ven cuando creen estar viendo a las víctimas no es otra cosa que a los victimarios, y la “operación turquesa” fue tendida para defender a los autores del genocidio. Este tipo de información no puede decir una cosa y su contraria, no se puede decir: ha habido víctimas, he aquí los verdugos. Los verdugos son víctimas»
Pero… ¿quién sabía quiénes eran los hutus o los tutsis? ¿Quién sabía de los motivos? Kapuscinski estuvo durante sus viajes por el continente africano. En su libro Ébano, el periodista explica a través de diferentes historias sus experiencias, no EN sino CON. Con personas de allí, de sus encuentros y sus experiencias con ellas. Uno de esos artículos recoge una conferencia que dio sobre Ruanda. Su historia, su genocidio de 1994, pero sobre todo de las razones que abocaron al país a ese terror concentrado en tres meses.
Antes de entrar en interminables discusiones sobre el binomio objetividad/subjetividad, quiero que penséis en las palabras del principio de este post, en esas mutaciones de algunos conceptos básicos del periodismo, en esas realidades que no se corresponden con las verdades: las televisiones emitieron una «construcción ficticia que fue la única que hubo y quedó». Son palabras extraídas de uno de los artículos del periodista polaco que componen Los ojos de la guerra, una serie de crónicas nacidas de la emoción compartida por diferentes corresponsales de guerra ante la noticia de la muerte del periodista Miguel Gil en una emboscada en Sierra Leona mientras cubría la contienda en mayo de 2000. Pero no nos perdamos en otras historias, volvamos al hilo del discurso para su conclusión.
Ryszard Kapuscinski (1932 - 2007)
Ryszard Kapuscinski (1932 – 2007)
La información exacta muere a favor de historias virtuales; el ritmo de la producción se antepone al de la redacción, y los tiempos breves obligan a la superficialidad y la falsedad. «Cuando estuve en Ruanda, durante la matanza de 1994, noté que muchos periodistas, de tan conectados con su central por teléfonos y correo electrónico, no veían lo que pasaba en el lugar. Llamaban a sus jefes en Nueva York, Londres o Madrid, quienes les decían que necesitaban confirmar esta u otra noticia que les había llegado. Ya no eran reporteros: sólo seguían órdenes de unos jefes que ni siquiera sabían dónde quedaba Ruanda» En otro de sus libros, Los cinco sentidos del periodista, Kapuscinki también hace referencia a Ruanda. En esta ocasión, hace hincapié en el reducidísimo grupo de personas que realmente conocieron en profundidad los hechos. Y en el asombro que sintieron por las falsedades con las que se dieron a conocer esos hechos. Sus voces, alternativas y difundidas a través de algunos pocos libros, no podían competir con la accesibilidad de los medios masivos.
Vivimos en un mundo de tantas culturas que solamente un reducido grupo de especialistas es capaz de entender y aprender algo de lo que está pasando. El resto accede al discurso fragmentado y superficial que los grandes medios condensan en un minuto: se trata de un problema que seguiremos sufriendo mientras las noticias muevan tanto dinero, estén influidas por el capital y compitan como productos de los dueños de los medios.
¿Eres valiente? ¿Te atreverás a leerla? Entonces la podrás encontrar en el siguiente enlace de Amazon: relinks.me/B00RWGKP5U
Gracias por leerme.


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